Vuelta a casa

Volvemos a estar aquí.

El amargo regusto de la censura

Voy a reanudar el antiguo blog. No sé si será esta semana o dentro de dos o de tres.

La viñeta de Rodera, en ADN

El día de Sant Jordi y las palabrotas

Sant Jordi

Ayer fue el día de Sant Jordi. Recomiendo a quien no lo haya hecho aún que pase al menos un 23 de abril de su vida en Barcelona. Es un día tan civilizado. Desde primeras horas de la mañana, ves a gente caminando con una rosa en la mano. Hay puestos de libros por todas partes, escritores firmando sus obras y gente comprando libros como si los fueran a leer.

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Pizarras interactivas

Hoy en EL PAIS:

Las pizarras digitales interactivas cuestan entre 1.700 y 2.000 euros y son un recurso más para mejorar el uso de las TIC e Internet en las escuelas. En el Reino Unido, el país que lidera su difusión en la Unión Europea, funciona desde hace más de cuatro años. Un informe del departamento de infancia, escuelas y familia británico de 2007 constata que su uso ayudó a mejorar el rendimiento de los estudiantes de Primaria en materias como ciencia, matemáticas y lengua. También se aplican en Canadá y en Australia. En México, la Administración prepara un plan de difusión de unas 100.000 pizarras digitales en Primaria junto a un software desarrollado en colaboración con la enciclopedia Encarta, según enumera Marquès. En España, las pizarras digitales se están empezando a instalar desde hace dos años en algunas comunidades autónomas, como Aragón, Valencia y Cataluña, donde funcionan unas 300, según el departamento de Educación catalán. En otras, como Madrid, la Consejería de Educación ya está empezando a estudiar su difusión en centros educativos.

El problema es que el software que hay disponible es bastante mediocre. O sea, que estas pizarras dan una imagen muy moderna, pero no aportan nada extraordinario.

La crítica abierta

Este es un ejemplo de democracia y libertad de expresión: un web donde todo el que quiera, anónimo o no, opina abiertamente sobre un colegio determinado. No, no es en España, claro. Aquí no hay de eso. Dicen que la culpa la tiene Franco. Y yo siempre me pregunto hasta cuándo va a seguir teniendo la culpa de toda la picaresca, la especulación, el abuso de poder, el nepotismo o la prepotencia que domina este país, ese dictador que sólo recuerdan algunos abuelos.

Es en Estados Unidos. En este caso, las opiniones son de The Child School, en Nueva York. Hay padres que acusan al director de ladrón y hablan de bandas en clase que intimidan a profesores y alumnos o de que la escuela no es capaz de atender a niños con dificultades de aprendizaje. Hay también una respuesta de la propia escuela, defendiéndose de los ataques. Y también de algunos padres de alumnos que dicen que a ellos sí les gusta. Y de ex profesores que opinan cosas muy variadas.

Hasta este momento, van casi 500 comentarios. El responsable del web donde se publica este encendido debate cree que puede ser beneficioso para otros padres. Y lo es. Pero también insinúa que si no llega a ser porque la propia escuela ha enviado un mensaje para defenderse de las críticas, los habría borrado.

Si la escuela se ha limitado a defenderse añadiendo un comentario propio, dice mucho a su favor. Lo más habitual aquí sería que enviaran a sus matones para censurar todas las opiniones. ¡Es verdad! ¡Recuerda a lo que cuentan de Franco! ¿Era suya la patente de “tú haces esto porque lo digo yo”?

Me pregunto cuántas informaciones de este tipo han sido eliminadas ya de Internet. ¿Miles de millones, como diría Carl Sagan? ¿Alguien lo sabe? ¿Y no sería útil disponer de un debate público así de abierto sobre cada uno de los centros con licencia para cuidar niños?

Matar a un ruiseñor

Ayer vimos otra vez la magnífica película Matar a un ruiseñor (To kill a mockingbird, 1962). Entre los protagonistas, hay dos niños de seis y diez años. Son hijos de Atticus Finch, un abogado de un pueblo de Alabama. Atticus es un hombre culto, pacífico y muy honesto que enseña a sus hijos a ser personas juiciosas, tolerantes y de mente abierta y, sobre todo, a ponerse en la piel de los demás antes de juzgar.

“If you just learn a single trick, Scout, you’ll get along a lot better with all kinds of folks. You never really understand a person until you consider things from his point of view, until you climb inside of his skin and walk around in it”

La pequeña es una niña de seis años, Scout, que todavía no ha ido al colegio, pero sabe leer. Tiene la costumbre de leer con su padre antes de dormir, cada noche. Están en plena depresión, hay mucha pobreza a su alrededor y mucha ignorancia entre los vecinos. Muchos no saben leer ni escribir o lo hacen con dificultad. Pero, en su primer día de colegio, la maestra le dice a Scout que la forma en la que su padre le ha enseñado a leer es errónea.

Es solo una frase en medio de una historia larga que nada tiene que ver con colegios, y que está repleta de mensajes educativos de otra índole, pero es un buen guiño a lo que ocurría entonces y sigue ocurriendo ahora, medio siglo después. Creo que los profesores tienen la extraña necesidad de decir que lo que hacen los padres nunca está bien, sea lo que sea, y de proclamar que lo que ellos hacen sí lo está, aunque sea parecido a un delito.

Sir Ken Robinson

Esta conferencia de Sir Ken Robinson es extraordinaria y debería ser obligatoria, como mínimo, para todos los que se dedican a la educación. Se titula: “Do schools today kill creativity?”

“Nuestros sistemas educativos están basados en que equivocarse es lo peor que puedes hacer”, dice Robinson. Pero los niños no tienen miedo de equivocarse, como lo tienen los adultos. Y si uno no está preparado para equivocarse , nunca pensará nada creativo.

Ken Robinson cuenta la historia de una niña de seis años que estaba dibujando. Le preguntaron:

—¿Qué dibujas?

—A Dios.

—Nadie sabe qué aspecto tiene.

—Dentro de un par de minutos lo sabrán.

Bebés que mueren en la guardería

Me imagino la sensación de la madre que tuvo que dejar a un niño de tan sólo cuatro meses en la guardería, luchando cada mañana contra ese terrible sentimiento de culpa, aunque tratando de consolarse con las ventajas de su trabajo y de no ser “sólo” una madre a tiempo completo…

“La muerte de un bebé de cuatro meses en una ludoteca del barrio del Guinardó de Barcelona descubrió ayer que dos de las trabajadoras del centro no disponían de la documentación en regla para residir en España, por lo que la propietaria del centro fue detenida, según han confirmado hoy los Mossos d’Esquadra.

El menor falleció ayer por la mañana por muerte súbita, según las primeras conclusiones de los médicos, aunque no han trascendido más detalles del suceso. Fue trasladado al Hospital Sant Pau de Barcelona, donde ingresó cadáver.

Según avanzaron hoy La Vanguardia y El Mundo, la ludoteca Winnie The Poo, situada en el número 8 de la calle Marquesa de Caldes de Montbui, que había sido abierta hace dos meses, acogía a unos 30 niños, cuando sólo disponía de licencia para diez.(…)”

Fuente: El País

El niño “proyectil”

Ayer fuimos a ver un colegio nuevo. Me lo pidió una madre que dice que mi visión de Rayos X le interesa mucho. Quería que yo lo viera y le diera mi opinión. Dice que le preocupa mucho la educación y el bienestar de sus hijos y que es capaz de lo que sea para que ellos estén bien. Del colegio no voy a hablar, pero sí de esa madre y de ese padre.

En el trayecto en coche a la escuela, que está a unos 45 minutos de la ciudad, íbamos detrás de ellos. Llevaban a su niño de dos años y medio sin silla reglamentaria ni cinturón, de pie entre los dos asientos delanteros o moviéndose por donde quería, como lo hace cualquier niño de esa edad. Nos habían confesado más de una vez que sus hijos nunca llevan cinturón, incluso en viajes largos internacionales, y lo cuentan como si fuera algo muy divertido. A mí, sólo por eso, no me apetece tener mucho trato con ellos.

Fue un viaje angustioso. No paraba de pensar que si daban un frenazo brusco, el niño podía salir despedido como un proyectil atravesando el parabrisas delantero y aterrizando a 100 metros de distancia. Y entonces a esa mujer ya no le haría falta pensar más en la educación de sus hijos y en lo mucho que se sacrifica por ellos.

Conocí a una mujer que perdió así a su bebé. Tardó en comprender que no merece la pena el riesgo. La sonrisa se le borró para siempre. Desde entonces, me acuerdo de la expresión de su cara cada vez que veo un niño sin cinturón.

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